martes, febrero 10, 2009

Como la historia de Patrick Süskind, donde su personaje descubrió su olfato, va captando las pasiones, enamora, huye y se lamenta en un arco iris de poemas que dejan ver las costuras del alma, se refugia, calma deseos biológicos, como quien mata el hambre en restorán de comida rápida, una vez, otra, mirando a lo lejos crecer hijos de su amor en vientre de otras, y vuelta a la búsqueda de ese perfume idílico, acrisolado en las llamas donde se consume, su sangre es su tintero, se cose la boca y grita desorbitando las cuencas por la expresión que no brota, amarra sus manos y se lanza buscando en el dolor la oda que expresa su ausencia de alas, o la comodidad de una jaula con agua y millo, de puertas abiertas, de donde cada invierno escapa y se hace polizón de millas ajenas buscando el verano que ya lleva en un vientre que no fragua.
Gota a gota se van llenando las páginas, pero a diferencia de Grenouille, es ella la que va muriendo en cada libar de las urupaguas. ¿Por qué no escribir ficción, por qué no reportera de acción? ¿por qué no morir sonriente, conmigo en la barricada?
Ángel Rivero
Febrero 10, 2009

6 comentarios:

Lena dijo...

Es verdad...

¿por qué no?

Lo malo del perfume,

es que nunca perderá su naturaleza

fugaz.

También la cárcel del Grenouille, fue limitada.

Al final, el pueblo despertó del extasis.

Al final, lo devoraron y lo olvidaron.

El amor...el perfume...el deseo...todos hijos de lo volatil.

Besos, Ángel!

Anónimo dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=k8TC0RKYECY


Si, es larga la lista de lo peor porque ademas no hay trincheras ni barricadas o fragua..

Duele

MAREADEMOCIONES dijo...

Gracias por pasearte por mi guarida.....me he dado una vuelta por el tuyo y me gusta mucho!
besos...vuelve por mi casa cuando quieras, siempre serás bienvenido!

Vulcano dijo...

Etéreo como el alma, burbuja, así quedó como el aroma.

besos,
Vulcano.

Cedhot Arias dijo...

Saludos Ángel, buen blog.

El buen Grenouille no es más que un asesino convicto y confeso. Hace alardes de perfumista basado en un gran talento natural. Convierte el dulce aroma en oprobio, ciega la vida a la dulce carne de las mujeres de las que se enamora, castrado para el amor... destruye lo que su inutil tacto no puede contener.
Cuantos Grenouilles andamos por el mundo. Castrando y asesinando.
Al final, moriremos tambien desangrados, devorados por la chusma que nos ama.

Un abrazo.

Ophir Alviárez dijo...
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